Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Anécdota

Un miércoles cualquiera, a media tarde, un perro entra corriendo en un hipermercado. Lo hace
despacio porque está muy gordo, pero su cara con la lengua fuera, denota que para él está siendo la carrera de su vida. Es de color canela y tiene tantos rizos que parece que le hayan hecho la permanente, sus largas orejas se menean sin control de un lado a otro, animadas por el trote de sus patas, parecen poseídas por una canción de música disco de los setenta. En muchas ocasiones cuando la gente lo ve, lo compara con una oveja merina, pero él, siendo el centro de atención, no duda en tumbarse boca arriba con las patas encogidas esperando algo más que unas risitas por su pelo y sus carnes desmadradas. Sabe muy bien qué papel interpretar para conseguir lo que quiere. Ahora va olfateando todo a su paso, busca el rastro de su dueña y salpica babas sin parar por todas las estanterías y los clientes incrédulos que se cruzan en su camino.

Dueña del perro:

Acabo de escuchar por megafonía que quieren que el dueño de un perro vaya a consigna, ais, seguro que es el mío, ya me la ha vuelto a liar. No puedo ir con él a ningún sitio, ¿cómo hará para escaparse?, en vez de una correa le voy a tener que comprar una camisa de fuerza. Siempre me está poniendo en evidencia. Mírale, ahí está, dando vueltas como un descosío, ¡Sun ven aquí!- nada, que no me oye, si es que encima está sordo. ¿Y ese tío qué hace?, a ver, pringao, que no es un oso pardo gigante. El perro saltando y moviendo el rabo y el tío este apuntándole con un palo de fregona, diciéndole a la gente que se aparte, que puede ser peligroso, le habla al cuello de su camisa y todo, como si fuese un poli pidiendo refuerzos porque se ha encontrado una mochila con explosivos. Me está entrando la risa. Tengo que calmarme antes de llegar a coger al perro, que el del pinganillo tiene cara de pocos amigos y no creo que esto le esté haciendo mucha gracia. Si es que soy lo peor, que en vez de enfadarme con el perro cada vez que la lía, me entra la risa. Así pasa, ni educado ni nada, si me viera el Cesar Millán me pondría de ejemplo para todo lo que no hay que hacer con tu mascota.

Encargado del hipermercado:

¿Cómo que ha entrado un perro?, ¿qué dices?, lo que me faltaba para terminar el puto día de mierda, un perro.  Joder, que a mí me acojonan los perros coño, ¿pero dónde está?, ya le veo, la ostia ¡qué grande es!, va donde las taquillas. Me cago en la leche, le voy a tener que seguir, como muerda a alguien me voy a cagar en el dueño y en la madre que lo parió, sobre todo si es a mí. Llama por megafonía a ver si el gilipollas del dueño viene a por él, voy a coger un palo para intentar hacerlo salir. A ver Salvador, ¿dónde coño estás?, no sé para qué llevamos esta mierda en el botón de la camisa, si a mí el Salvador nunca me oye. Salvador de los cojones, vaya nombrecito más apropiado, desde que está de segurata han aumentao los robos un cuarenta por ciento, luego las culpas me las llevo yo, no me explico a quién se la habrá chupao ese mamón que no hay quien le eche. Encima ahora que se nos ha colado una bestia parda no aparece por ningún sitio, cuando le encuentre lo mato.

Niño comprando con su madre:

¡Un perro!, ¿a dónde va?, qué bonito es, ojalá me lo compre mamá, perrito ven, ven bonito, ¿cabrá en el carro?, perrito, perrito, no tiene rabo, ¿se le habrá caído?,  perrito ven, si no cabe en el carro me monto encima y que se venga con nosotros, a mi hermana le dan miedo, que se aguante, a mí también me da miedo su ratón que me mordió, ven perrito, te quiero tocar, ¡ese hombre va a pegar al perro con un palo!, no le pegue al perro señor, voy a llorar, ¿y esa chica qué hace?, jope se lo ha comprado antes que yo, ya se lo lleva, al final ni lo he tocado, mamá, ¿mamá dónde estás?, ¡se ha ido sin mí!, ahora sí que lloro.

Salvador, guardia de seguridad:

Como me pillen fumando petas en el curre me largan fijo, ésta mi viejo no me la pasa, con la brasa que me ha dao. Pero sin porros, ¿cómo voy a aguantar aquí to el día?, más con el flipi este gritando, que parece que le han metido un palo por el culo, con ganas se lo metía yo, no me deja en paz; que si ponte bien la gorra, que si dónde estabas, que si corre detrás de ese crío que nos ha robao un cd, que corra su puta madre no te jode, voy a correr yo y más con esta fumada.  Ahora no sé qué está gritando de un perro, si es que está de la olla. A ese sí que le daba yo unos tiritos, seguro que se relajaba.  Cuando llegue a casa le voy a decir a mi vieja que se tire el rollo y me deje el coche, a ver si me encuentro a la pava de ayer echando unas partiditas.

Maribel, la carnicera:

¿Eso es un perro?, Ja, sí que es un perro. Lo más interesante que ha pasado por aquí en lo que va de mes. Cómo corre qué gracioso, ya verás cuando lo vea el encargado, con lo que le gustan.  Con la leche que tiene igual se lo lleva por delante y me dice que se lo haga filetes. Qué gracioso el chucho, si parece una oveja, qué gordo está, a saber lo que le dan de comer. A un animal o lo tienes bien, o no lo tienes. Este está sobrealimentado, yo al mío sólo le echo el pienso ese que me recomendó el veterinario, además le peso las raciones, que si por él fuera se comía el saco de una sentá.  Es lo que debe hacer este pobre animal, porque mira que está gordo. Ya lo ha visto el encargado, ay madre que le va a arrear con un palo de fregona, ¡huye chucho gordo!, ¡salva tu vida!, como no aparezca el dueño pronto se va a liar, ¿y si le muerde?, un poco se lo está buscando, pero este perro parece bobo, no hace más que mover ese mini rabo que tiene. Ya llegó la dueña, ¿a ver si discuten?, vaya hombre se ha achantado con el encargado, bueno también es normal que la tía agache la cabeza, a mí me pasa esto con el mío y me muero de la vergüenza. Aunque el mío nunca se metería en ningún sitio, lo tengo mejor educado.