Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Aprender a leer





Todos hemos aprendido a leer de pequeños, al menos la mayoría, resulta relativamente sencillo. Lo difícil es encontrar quién te enseñe a disfrutar de la lectura. Suele ser medio genético, si uno crece en un hogar lleno de estanterías con libros polvorientos por todas partes, al final termina cayendo en la tela de araña igual que los demás. A veces es curiosidad por una portada llamativa que se cruza en tu camino, otras, porque un día lees sin querer el título de un libro y te parece tan

inquietante, que no puedes pasar sin saber lo que habrá dentro. Yo soy de la primera especie. Mi madre se lee todo lo que cae en sus manos desde que tengo memoria, tiene algo de adicción a la lectura, cuando le preguntas si le ha gustado un libro siempre dice "está bien". No hay escritor malo o libro aburrido para ella, de hecho, más de una vez se le ha leído un libro dos veces porque no haberlo hecho ya. A mí esto me parece un tanto excesivo, aunque, rompiendo una lanza a su favor, reconozco que es la persona con los conocimientos más variopintos que uno se puede echar a la cara. Lo mismo te habla de una investigación policíaca, que de las células madre o de lo que bebían (si esto existía entonces, que no lo sé, no soy mi madre) en las tabernas del Renacimiento. Yo me tomo la literatura como un ocio del que disfruto a temporadas. A veces me engancho con un libro y está finiquitado en un día y, otras, puedo echarle cuatro meses por más que me guste. Supongo que depende del tiempo y las ganas que uno le quiera poner. También estoy dispuesta a reconocer que soy más de libros de cuentos.



Últimamente he estado buscando consejos para escribir, es un arte que me gusta, me resulta más sencillo expresar todo lo que se me pasa por la cabeza dándole a las teclas, y, como valor añadido, no hay interlocutor que interrumpa lo que tienes que decir, que eso en España se da mucho y al final te quedas con tu historia a medias. Pues dándole vueltas a esto, se me ha ocurrido que no puedo aconsejar a nadie sobre literatura, porque no soy ninguna experta en la materia, pero sí puedo dar alguna pauta para que uno le tome algo de aprecio a la lectura. Así que aquí van.





  1. Si un libro no te gusta, no sigas leyendo. La vida es muy corta y a nadie le da tiempo a leerse todo lo que ya se ha escrito, así que no merece la pena perder horas en algo que se está convirtiendo en un suplicio. Aclaración para los listos, este consejo no vale para la lectura obligatoria de los estudios, todos la hemos sufrido y, aunque no lo parezca, se sobrevive a ello.
  2. No puedes excusarte en que no te gusta leer. Un libro es una película que se desarrolla en tu cabeza con las imágenes que tú quieres, los protagonistas tal y como tú los quieres ver y puedes parar y reanudar las veces que quieras sin perder el hilo de la trama. Personalmente no creo que a la gente no le guste leer, creo que simplemente no han dado con el tipo de lectura que les va.
  3. No te dejes deslumbrar por los más leídos. Todos conocemos Harry Potter o El Señor de los Anillos, pero que le guste a muchísima gente no quiere decir que también sea para ti, es mejor buscar por temas que por autores estrella. Y esto lo digo yo, admiradora incondicional del super ventas Stephen King, hasta me he contradicho a mí misma en el consejo número uno leyéndome libros de este señor que no me han gustado nada sólo porque era él. Pero claro, ya no me parecía una pérdida de tiempo.
  4. No pasa nada porque te gusten libros que la gente considera raros. Y me explico. Yo soy una crédula sin remedio sobre todo lo que tiene que ver con cosas paranormales. Si alguien me dice que ha visto un fantasma yo me lo creo. Si me dicen que han montado en una nave espacial tripulada por extraterrestres y les han llevado hasta Gamínedes, me lo creo también. Porque me gusta soñar con criaturas diferentes y exóticas e imaginar que andan por ahí, en alguna parte. Así que claro, tengo un buen rebaño de libros sobre estos temas y, cuando alguna vez mantengo conversaciones literarias y se me ocurre nombrar alguno de ellos, muchos de los interlocutores me ponen cara de " te creía más inteligente". Bueno, no pasa nada, porque tú también puedes poner cara de "y yo pensaba que tú eras más abierto y no tenías prejuicios". Estas caras existen de verdad, todo el mundo las tiene, me pareció asombroso cuando lo descubrí.
  5. Cuando alguien te aconseje un libro, debes hacerle caso dependiendo de cómo te dé el consejo. Es decir. Si un amigo viene y te dice: he leído este libro y me he acordado mucho de ti, porque creo que te gustaría. Pues a ese le pides el título y el autor y seguro que te gusta, porque tu amigo te conoce y sabe cómo eres. Ahora bien, si un amigo enamorado de un escritor (véase mi caso porque yo soy de estas) te da la plasta para que te leas alguno de sus libros, sea cual sea, pues ahí ya hay que ir con más cuidado, porque no está pensando en lo que te gusta, está pensando en un cómplice con el que darle al palique sobre algo que a él le parece fascinante.
  6. El último, que como nadie me corta la verborrea me emociono. No te rindas y sigue buscando, porque tu libro favorito está ahí, en alguna parte. Y cuando uno lo encuentra lo hace suyo para siempre, te devuelve la ilusión de creer en un universo nuevo y maravilloso, con miles de historias escritas solo para ti, porque sólo tú vas a leerlo y entenderlo como quieres.