Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

martes, 9 de diciembre de 2014

Instrucciones para hacerse una fotografía

Hay que mirar sin ver e imaginar lo que se refleja al otro lado. Es un espejo retardado, te devolverá tu cara más tarde. Uno tiene que escoger la postura y quedarse muy quieto, como cuando juegas al escondite inglés. Lo habitual es sonreír al advertir que te enfocan, y, si el azar ha escogido una mano torpe para manejar el instrumento, esa sonrisa puede hacerse larga como un día sin pan, pero no puedes perderla ni un instante, porque el “click” siempre va a intentar pillarte distraído. En caso de necesitar hablar, lo haces entre dientes, no importa que no te entiendan, lo principal es que tus ojos y tu boca no pierdan de vista el objetivo. Estos dos componentes de la cara son los más traicioneros, así que deben estar controlados en todo momento.
Si se trata de un acto en grupo todo se vuelve más complicado. Normalmente se estilan dos formas de hacerlo:
En la primera, un pobre mártir se presentará voluntario para sacrificarse por el bien común, tomará las riendas del momento y empezará a dar instrucciones al resto. Todos le hacen caso como si de títeres se tratara, al fin y al cabo, él es el único que puede ver desde el otro lado del espejo. Aquí la confianza es plena y no importa cuántas veces se traicione, el que tiene la máquina tiene el poder. Por otro lado, no sólo hay que estar pendiente de la postura de uno, también hay que vigilar la de los aledaños, porque podríamos llevarnos una sorpresa al vernos después como el cornudo más sonriente del mundo. Así que con un ojo al frente, el otro dando vueltas buscando las manos de los vecinos y sin perder la sonrisa, nos quedamos ahí parados hasta que el jefe improvisado nos dé el visto bueno para movernos.
La segunda manera es más difícil porque no hay nadie dirigiendo el cotarro. Un experto en la materia puede conseguir que el lienzo se dibuje solo, como si un fantasma que vive dentro de la máquina apretara el botón. Así que todo el mundo se sitúa esperando estar más o menos encuadrado. Aquí es más importante que nunca no perder de vista el aparato, porque una luz parpadeante nos va a decir cuál es el momento justo. Es bastante burlona, empieza a parpadear lentamente y después acelera el ritmo para que nos pongamos nerviosos. En muchas ocasiones, un impaciente se adelanta saliéndose del encuadre y de repente el fantasma actúa. El resultado de esto puede ser tan desastroso como unas piernas peludas enfundadas en pantalones cortos en primer plano y, detrás, a lo lejos, como parte del paisaje, multitud de mini caras sonrientes.
Así que ya sea un autorretrato, una solicitud de pareja a un viandante desconocido o una estampa de grupo, lo más importante siempre es fijar bien el objetivo.