Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

lunes, 29 de diciembre de 2014

La pirámide de Maslow

Mi profesor de marketing en la universidad, decía que un buen publicista es aquel que consigue hacer creer a los demás que necesitan lo que vende. No vale con que lo deseen, tienen que necesitarlo. Porque en el deseo está la opción de elegir si te das o no el capricho, pero en la necesidad no. Recuerdo perfectamente aquella clase porque a mí se me vino a la cabeza Golum, de "El Señor de los Anillos" con su tesoro. No lo deseaba, lo necesitaba de una forma vital. Y creo que ese es el efecto que tienen ahora muchas cosas sobre nosotros, el que más me llama la atención, es el de las nuevas tecnologías. Y ya, siendo un poco más precisos, los teléfonos móviles.
Yo tengo uno de hace dos generaciones, porque tiene dos años y al parecer está para jubilar, no porque no funcione, que va perfectamente, sino porque cuando la gente lo ve todos se empeñan en decirme lo que me estoy perdiendo por no comprarme otro. Por mi parte me empeño en intentar explicarles lo que me he perdido ya con este, que tiene un montón de funciones que no sé para qué sirven y tampoco me he molestado en averiguarlo, pero entonces se ponen a enseñarme todo lo que pueden hacer sus teléfonos esperando que flipe, y yo flipo claro, pero no por lo que pueden hacer sus aparatos, sino porque no entiendo la necesidad ni la utilidad de todo eso.
Un día, hablando sobre el whatsapp en una de las conversaciones mañaneras del café, se me ocurrió comentar que el mío había caducado ya, y que había pagado, no lo recuerdo bien, pero creo que eran unos tres euros o así, por ampliarlo tres años más. Uno de los contertulios, me dijo que era una pringada, sí, que nadie crea que se le ocurrió adornarlo con otro adjetivo algo más diplomático, lo dijo tal cual sin vaselina ni nada, "eres una pringada", porque se puede hacer no se qué historias para no tener que pagarlo. Yo le miré, un poco ofendida no lo niego, y le dije que me parecía un precio muy razonable para algo que utilizo todos los días, pero él insistía, que si lo podía tener gratis, era tonta por haberlo pagado.
La conversación siguió girando en torno al tema de los teléfonos móviles, yo me dediqué a escuchar, tampoco entiendo mucho de esto, y entonces este mismo personaje dice que él se ha comprado el Iphone no se qué (aquí no recuerdo qué número de Iphone era, porque no me entero mucho de estas cosas, pero el último que habían sacado en ese momento) y que le había costado novecientos euros. Entonces hablé, porque a veces mi boca va por su cuenta y deja de lado al cerebro, y le dije que no entendía por qué el precio de su teléfono le parecía tan razonable y el whastapp lo tenía que tener gratis. Pensé que iba con las matemáticas de mi parte, tres euros es muchísimo menos que novecientos, yo tenía un teléfono gratis que me habían dado con el contrato de la línea y pagué tres euros por el whastapp, él tenía el whastapp gratis y pagó novecientos por el teléfono, pues todavía no me explico cómo, pero no gané aquella discusión.
Otro día, hace poco, venía en el autobús del centro, no llevaba libro en esta ocasión porque con tanta gente en vez de leerlo me lo como, así que me dediqué a mirar a los que estaban a mi alrededor. Intento ser discreta cuando hago esto, pero en realidad me engaño a mí misma pensando que lo soy y que los demás no se van a dar cuenta. Bueno, pues había una chica, llevaba un súper móvil de última generación que te pasas, era también un Iphone, iba distraída mirando la pantalla, algo de lo que estaba leyendo le hizo gracia y sonrió, entonces vi que no tenía dientes. Para ser justos tenía uno de los paletos, pero ninguno más. Se me ocurrió en seguida que una persona que no se gasta dinero en el dentista, no se lo va a gastar en un teléfono móvil, así que decidí, por quedarme más tranquila, que alguien se lo tenía que haber regalado. Pero luego pensé que alguien que te regala eso tiene que quererte mucho, y si te quiere mucho, es razonable pensar que preferirá verte con dientes que con un teléfono nuevo, así que descarté la idea del regalo. Al final llegué a la conclusión de que lo había robado y convertí a la pobre desconocida en una ladrona por que sí. Y es que me resisto a creer que la pirámide de Maslow está tan invertida como para que hayamos llegado a esto. ¿Lo está?