Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Me acuerdo

Me acuerdo de las noches de estrellas fugaces en Papatrigo, me acuerdo de los helados de limón y mora, me acuerdo de mi bicicleta rosa, sólo la cogía de día porque andar con ella por la noche era un suplicio con el mecanismo de la luz pegado a la rueda, se encendía cada vez que conseguías darle media vuelta al pedal. Me acuerdo de nuestros musicales de “Grease” en el garaje, me acuerdo de la primera vez que me subí a una moto, pasé mucho miedo y además me caí, pero no dejaría de subirme a ellas hasta que me sobrevino de repente la prudencia de la edad, eso sí que no recuerdo cuándo pasó. Me acuerdo del "avariciento whisky mix", la cinta de dos caras que grabó mi primo para ponerla en el coche cuando nos íbamos de marcha. Me acuerdo del cachorro de ojos enormes que nos esperaba un día a la salida del colegio, me acuerdo de los túneles de terror que hacíamos en casa de mi tío, me acuerdo de las pipas de los girasoles robados y de las vomitonas que nos daban después, creo que entonces no se nos ocurría conectar “a” con “b”. Me acuerdo de todos, como patitos, detrás de mi abuelo en bici, nos llevaba a su huerta y nos dejaba comer zanahorias y garbanzos crudos. Me acuerdo de las partidas de Trivial interminables en Nochebuena, al final nunca sabíamos quién había ganado. Me acuerdo de las guerras de cosquillas en el sofá, me acuerdo de mi primera noche en vela para terminar un libro, era de miedo y la noche siguiente tampoco dormí, porque no hacía más que recordar lo que había leído la anterior. Me acuerdo de las batallas callejeras con pistolas de agua, me acuerdo de aquella señora que salió un día en la televisión, pelando patatas, mientras relataba que en el suelo de su cocina había aparecido una cara, desde entonces me dediqué a buscar caras en la cocina de mi casa cada vez que tenía que ir a por un vaso de agua. Me acuerdo de la sensación de libertad que me daban los patines, a veces no sabía cómo frenar y entonces buscaba desesperadamente una pared contra la que estrellarme, siempre era mejor si conseguía hacerlo de lado que de boca. Me acuerdo del olor a leche cocida que emanaba cada noche de la cocina de mi abuela, ahí también buscaba caras, pensaba que al ser más vieja habría más posibilidades de encontrarlas. Me acuerdo de las manos de mi madre deslizándose por la máquina de coser, me acuerdo del miedo que me producía el cuadro del arlequín colgado en el pasillo, de noche pasaba corriendo pegada a la otra pared por si saltaba para meterme dentro con él. Me acuerdo de Sun, casi todos los días, le echo mucho de menos. Me acuerdo…