Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Mis manos

Van por delante de mi voz y por encima de mis pensamientos. Son el reflejo de una vida sencilla. Siempre desnudas, no se disfrazan con abalorios ni se tiñen las puntas para las mejores galas. Tampoco tienen la penosa apariencia que a otras les dan los trabajos duros y cansados. Bailan al son de mis palabras, una coreografía perfecta que nunca tuvieron que aprender. Cuando el estómago se contrae por los nervios, ellas se adelantan sudorosas y se entrelazan una con otra, buscando la seguridad que da el saberse recogido, a salvo de la próxima tormenta. Se me enredan en el pelo cuando me dispongo a pensar y, si ando distraída y relajada en el sofá, las sorprendo acariciando el pelo suave y esponjoso de mi amigo más fiel. Él las busca sin descanso. Son su fuente de alimento, su compañía, su juguete y su calor maternal. A veces se contraen por la rabia y pretenden ir por libre, resultan difíciles de controlar, pero al fin se sosiegan y terminan por apartarme los restos de lágrimas de las mejillas. Embajadoras del corazón, pueden ser el comienzo de un abrazo, las causantes de una carcajada al moverse revoltosas por cuerpo ajeno o compasivas, cuando se posan suavemente en el hombro caído por la tristeza forastera.