Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Para el niño que pedía la paz en el mundo

Me hizo gracia descubrir que, cuando era pequeño, en su carta a los Reyes Magos aparte de los juguetes de rigor, también pedía la paz en el mundo. Me pareció algo cómico y entrañable. Ahora, muchos años después de dejar de creer en la magia, es militar. No de esos que van armados y lanzan granadas tipo Rambo, pero militar al fin y al cabo. Puede que su petición anual haya tenido que ver con el desarrollo de su vida, puede que sólo sea coincidencia, no lo sé.

No puedo hablar del ejército, sigue siendo una institución desconocida para mí. Hay muchas cosas que no logro entender y me generan una gran confusión. Han pasado cuatro años desde que le conocí y sigo teniendo miles de preguntas cada vez que hablamos de ello.

Pero sí puedo hablar de personas, que, al fin y al cabo, es lo que son. La primera vez que me dijo que se iba tres meses a un país africano cuyo nombre es imposible de pronunciar, le miré con cara de asombro, enfado y miedo. Qué puedo decir, he visto demasiadas películas. Cuando me explicó lo que iba a hacer allí, me quedé algo más tranquila. La segunda vez, me lo tomé con resignación, dos o tres meses pasan más o menos rápido dependiendo de cómo lo quiera llevar uno.

Ahora va a ir a por la tercera, ya lo he normalizado interiormente. Pero lo que más me sorprende del tema, es que sigo sin comprender el significado oficial de lo que hacen allí. Desde mi punto de vista, no tiene razón de ser. Es por lo que hacen extraoficialmente por lo que me parece que valga la pena enviarlos. Lo que nadie sabe de ellos, es lo que les hace más especiales.

Él no me cuenta historias de piratas cuando está lejos,  me cuenta historias humanas. La última vez, cuando volvió, llegaba un poco triste por todo lo que había dejado atrás, mi familia de allí me decía, no sé qué será de ellos. Porque la mente tiene ese poder de desligarse del cuerpo cuando quiere y quedarse a miles de kilómetros de distancia si le apetece. Y la suya permaneció en aquel lugar bastante tiempo.

Por suerte habla, creo que intenta ser embajador del sufrimiento ajeno, lo veía a diario y no podía mirar hacia otro lado. Hoy le he comprado unas zapatillas a una niña que siempre va descalza, me decía, nunca había visto una cara de ilusión como la suya, hoy hemos llamado al médico, porque una muchacha de quince años lleva un bebé muy enfermo y no tiene ni para pañales, por suerte no tenía nada grave y hemos conseguido ponerla en contacto con una cooperante, espero que mejore en algo su vida. Hoy nos han enseñado un gueto con cientos de personas viviendo en la calle, nos suplican para que nuestro médico les eche un vistazo, muchos de ellos están enfermos, se supone que no podemos y se te cae el alma a los pies. Hoy hemos guardado el desayuno para dárselo a los niños que nos saludan cuando vamos en el coche, pero otros niños que no nos quieren aquí, se lo han quitado y lo han tirado al suelo. Niños hambrientos viendo cómo el único bocado del día acaba enterrado entre excrementos de cabra. Es muy duro, me decía. Una madre que no tiene ni dónde lavarse, siempre está pidiendo en la calle, a veces le compramos un pollo para que puedan irse a casa, quiere a sus hijos, los peina y los lava como puede, pero aún así te pone a su bebé en los brazos y te suplica que te lo lleves, sabe que en cualquier sitio estará mejor. No puedo explicar con palabras la miseria que hay aquí, y no me siento mejor por dar lo que tengo, porque es un grano de arena en el desierto y no va a ninguna parte. Todos hacemos lo que podemos, pero siempre nos recuerdan que no estamos aquí para eso.

Yo le escucho y le compadezco, no puedo sentir su tristeza porque no he estado allí con él, creo que si no lo vives no puedes llegar a entenderlo. Pero por otro lado le animo. Puede que no le paguen por esto, pero su ramita en el nido que están construyendo también cuenta. Y ese ánimo es el que debe llevar, él y todos los que son como él, que son muchos más de lo que podamos creer.

El niño no ha conseguido la paz en el mundo, quizá es una meta un tanto difícil de conseguir, pero para los que están allí y sienten su empatía, su calor y sus esfuerzos,  él, es un Rey Mago real.