Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Si yo fuera rica

No tendría un cadillac del cincuenta y nueve, ni viviría en una gran mansión rodeada de jardines con arbustos de animales. No tendría servicio doméstico, ni administrador, ni contable ni secretaria, mucho menos peluquero, masajista, entrenador o "personal shopper". Si yo fuera rica, no me dejaría llevar a más de doscientos kilómetros por hora en el coche deportivo más caro del mercado. No me haría una lipoescultura, ni me pondría los labios de Angelina Jolie, las tetas de Pamela Anderson o el culo de Jennifer López, tampoco viviría seis meses en Manhattan y otros seis en Marbella. No tendría yate, ni avión privado, ni una limusina rosa fucsia descapotable para las noches de verano. No me bañaría en champán, ni comería platos de carísimo caviar a diario.

Si yo fuera rica, sería un asesino en serie.

Ahora no tengo tiempo. Cuando llego a casa del trabajo me esperan mil quehaceres domésticos entre la compra, la limpieza y la cocina. El asesinato es un arte que requiere mucho esfuerzo y concentración, estoy demasiado cansada para pensar en ello. No debo ser la única, dado el nivel de chapuzas que saltan últimamente a las portadas.

Si yo fuera rica, sería algo así como el justiciero de los malos modos y la estupidez humana. Mataría a todo aquel que habla a gritos porque sí, al que te cuenta cómo su madre le dio a luz mientras seguía faenando con el tractor cuando tú sólo le has preguntado cómo se llama, al que quiere solventar sus necesidades fisiológicas sobre todos y cada uno de tus antepasados fallecidos porque no le dices lo que quiere oír, al que se cree con derecho a que le paguen un menú a base de ratatouille y entrecot a la pimienta en el mejor restaurante de turno, porque tu perro le ha ladrado mientras iba caminando por la calle. Al que le dice a su hijo “ni mamá ni hostias” cuando quiere hablar con ella y luego espera que el niño se convierta en un Einstein de la vida por arte de birlibirloque. También estarían en mi punto de mira los que aplican a su vida una especie de medidor de altura intelectual, no sé de dónde lo habrán sacado, y van por el mundo con cara de oler constantemente a coles de brusela y miradas de desprecio hacia el populacho. Estos últimos me darían mucho trabajo, porque últimamente con las lluvias, como los hongos, están por todas partes.

Sí. Si yo fuera rica me convertiría en uno de esos héroes en la sombra, perseguido por la justicia y aclamado por la multitud. Mi criterio para decidir quién vive o quién muere sería universal. Estudiaría cuidadosamente a las víctimas potenciales, el momento y el lugar idóneos para el crimen y dejaría mi firma personal e intransferible, un sello de identidad, algo impactante e ingenioso, este punto aún está por concretar. Si yo fuera rica...