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jueves, 22 de enero de 2015

Por encima del hombro, Capítulo 5

Dos semanas después de que el nuevo Samuel llegara a la familia, concerté una cita con Adela. Quedamos en un su piso. Al entrar, me golpearon mil aromas de inciensos diferentes, ella debía estar acostumbrada, pero a mí este batiburrillo de olores me producía algo de mareo. Debió darse cuenta por la expresión de mi cara, porque fue apagando los palitos de incienso con los dedos húmedos según íbamos hacia la salita de estar.

- ¿Quieres un té?

- No, las infusiones me parecen agua sucia. No les pillo la gracia.

- Muy bien, pues no puedo ofrecerte mucho más, no suelo tomar café y no tengo refrescos.

- Estoy bien así, no te preocupes - no era verdad, estaba muy incómoda, esa mujer me veía por dentro y me hacía sentir como si estuviera desnuda ante una gran multitud.

- Pues cuéntame. ¿Qué ha pasado?

- Me gustaría que primero me contaras tú. ¿A qué te dedicas? El otro día dijiste que no cobrabas por tus servicios de brujería, o como quieras llamarlo, entonces, ¿cómo te ganas la vida?

Se rio a carcajadas, yo la miré extrañada, no me pareció haber hecho ningún chiste.

- Perdona, es que me hace mucha gracia que me llames bruja, sobre todo tú. Pues soy profesora en un colegio, doy clases a niños de primaria. A lo mejor esperabas que te dijera que tengo una tienda de santería o algo así, pero lo cierto es que mi trabajo es de lo más normal.

- ¿Y por qué crees que Samuel está muerto?

- No lo creo, lo sé, me lo dijo él.
- Los muertos no hablan.

- Algunos no, tu hermano sí. Tampoco es que hablara con él como lo estoy haciendo ahora contigo, no puedo verlos y no mantengo conversaciones con ellos ni nada semejante. Si tuviera que describirlo de alguna manera, diría que a veces me llegan sus pensamientos. Se cuelan entre los míos. Con el paso de los años he aprendido a diferenciar qué estoy pensando yo y qué me están diciendo otros.

- Ya, y ¿alguna vez se te ha ocurrido visitar a algún loquero para decirle lo que te pasa?

- ¿Y a ti? - sus gafas se mantenían en equilibrio en la punta de la nariz y me miraba por encima de ellas, seguro que era su pose habitual cuando le daba lecciones a alguno de sus niños - si no vas a confiar en mí y no quieres contarme lo que pasa, no entiendo para qué has venido.

- Yo también sé que Samuel está muerto, aunque no de la misma manera que lo sabes tú. Ahora ha aparecido uno nuevo y se está integrando en la familia a las mil maravillas. Estoy desconcertada, pero sobre todo enfadada, no sé qué hacer para que se vaya.

- ¿Cómo sabes tú que Samuel está muerto?

- Creía que ya lo sabías.

- Pero quiero que me lo expliques con tus propias palabras.

Dudé, nunca había hablado sobre mi secreto con nadie y apenas conocía a esta mujer. Me parecía una maldición con la que tenía que vivir a solas, no quería que los demás lo supiesen, ya me consideraba bastante rara todo el mundo. Por otro lado, Adela debía ser todavía más rara que yo y no parecía importarle. Pensé que si alguna vez había tenido la oportunidad de desahogarme, aquí estaba, puede que no volviese a tener ninguna más.

- No me gustaría que nadie se enterase de esto.

- ¿Crees que yo voy por la vida diciendo que los muertos me hablan?, lo entiendo, pero hay mucha gente como tú y como yo, si no podemos hablarlo entre nosotros, no nos queda nada.

- De acuerdo. Cuando alguien me toca, puedo ver un ser por encima de su hombro. Hasta cierto punto, sé cuándo va a morir esa persona, más o menos. Aunque no sé cómo ni cuándo exactamente.

- ¿Y cómo calculas cuándo será?

- Eso depende de la distancia a la que Él se encuentre. Si te tocara ahora, cosa que no voy a hacer así que no me lo pidas, le vería por encima de tu hombro. Porque siempre está detrás de ti, está detrás de todos nosotros. Si sólo veo un punto negro en la lejanía, es que aún te queda mucho, a veces veo una figura borrosa, cuanto más nítido le veo, más cerca está de la persona que se va a llevar. La tarde antes de la desaparición de Samuel, estábamos jugando en casa al escondite, nos chocamos sin querer por el pasillo a oscuras y le vi. Estaba detrás de Samuel, mucho más cerca de lo que estás tú ahora de mí, hasta me llegaba su olor. Huele como a podrido. Nunca he estado al lado de nadie en el momento de su muerte, pero tengo la teoría de que espera por detrás y de alguna manera te abraza y te lleva. El resto de esa tarde lo pasé llorando en silencio en mi habitación, y por la noche, después de la cena, hice de tripas corazón y le di un abrazo a Samuel para despedirme. La cara de esa cosa quedó tan cerca de la mía que pude sentir una especie de aliento nauseabundo, moví ligeramente la cabeza hacia los lados, suplicando que no se lo llevara. Al día siguiente esperaba que sonara el teléfono y mi madre recibiera la horrible noticia de que su hijo había sido atropellado, o que se había caído con la bicicleta, incluso pensé que a lo mejor se lo llevaba esa misma noche, mientras estaba dormido. Lo que no se me pasó por la cabeza es que fuera a esfumarse sin más. Supongo que si hubiera sido más valiente, me habría ido con él esa mañana, para asegurarme de que no se marcharía solo, nadie quiere morir solo y menos un niño de diez años, pero no lo fui y ahora estamos todos metidos en este lío.

Cuando terminé mi relato me di cuenta de que me corrían grandes lagrimones por las mejillas, no sé en qué momento me puse a llorar, alcé la vista y miré a Adela, también estaba llorando.

- Paula, tenías siete años, no creo que ningún niño tenga el valor de hacer eso. De hecho, no sé cómo has podido llevar esto dentro durante tanto tiempo.

- Ya, bueno, eso no me reconforta mucho la verdad. - me pasé las manos por la cara para secarla - no he venido para que te compadezcas de mí, necesito que me ayudes.

- ¿Y cómo quieres que lo haga?

- Pues no sé, tú eres la maga. ¿No puedes mirar en una bola de cristal o algo así para ver quién es el nuevo Samuel o qué le pasó a mi hermano de verdad?

- No tengo ninguna bola de cristal, mi único don es recibir mensajes y reconocer a gente como tú y como yo cuando la veo.

- Entonces, ¿por qué dijiste que podías ayudarme?

- Porque pensé que necesitabas hablar de lo que te pasa con alguien y creo que tenía razón. ¿No te sientes un poco más ligera ahora que te has quitado ese peso de encima?

- Pues no, la verdad es que me siento tonta - empecé a coger mi bolso y mi abrigo para marcharme de allí - también me siento engañada, ya que insistes en que te lo cuente todo, te diré que has dejado que me hiciera falsas ilusiones respecto a ti.

- Espera un momento Paula, no te vayas.

Intentó cogerme del brazo para detenerme. Me di la vuelta violentamente.

- No te atrevas a tocarme.

Alzó las manos como si la estuviera apuntando con un arma
.
- Perdona, ha sido instintivo, no lo volveré a hacer. A ver, cálmate un momento. Siéntate, vamos a hablar de esto, puede que se nos ocurra alguna solución entre las dos. Podríamos ir a la policía.

- ¿Y qué les vamos a decir?, aunque investigaran al nuevo Samuel, si les decimos que sabemos que el antiguo está muerto, nos van a hacer miles de preguntas y hasta puede que lleguen a la conclusión de que lo matamos nosotras. Mi madre ya tenía metida esa idea en la cabeza respecto a mí.

- ¿Tu madre pensaba que con siete años habías matado a tu hermano? - tenía los ojos como platos - me parece increíble.

- Sí, porque me vio la noche que le abracé y ella conoce de sobra mi manía de que nadie me toque. Claro que piensa que es porque ha tenido la desgracia de parir a una loca incorregible.

- Ya veo. Hay algo que quizá podamos hacer, pero tendría que hablar con otra persona, puede que él sí que nos ayude. Es como tú y como yo, pero su magia es diferente.

- Lo mío no es magia, es una pesadilla.

- Vale, llámalo como quieras. El caso es que tendría que comentarle todo el asunto y preguntarle si puede recibirnos, suele tener listas de espera muy largas, pero como somos amigos, a lo mejor nos hace un hueco. Él sí que cobra por lo que hace, pero te prometo que no es ningún farsante.

- ¿Y qué hace exactamente?

- Creo que podría ver lo que le pasó a Samuel. Aunque eso plantea otra pregunta, ¿estás preparada para saber qué le pasó?, quiero decir que podría ser cualquier cosa y es posible que no quieras escuchar lo que tenga que decir.

Me quedé pensando un rato, en realidad no quería saberlo, me había conformado con el hecho de que ya no estaba entre nosotros,eso me bastaba. Pero ahora tenía que enfrentarme a los hechos si quería deshacerme del impostor.

- Creo que no queda más remedio.

- Muy bien, entonces le llamaré y te aviso cuando quedemos con él.

Cuando llegué a casa me dirigí directamente al despacho de mi padre, era domingo, así que esperaba encontrarle trabajando allí. Como no tenía excusas para ir a la oficina los domingos, se encerraba todo el día en su agujero forrado de roble y sólo salía para comer, a veces ni eso. Llamé a la puerta, no contestó pero sabía que estaba dentro así que abrí. Continuó mirando la pantalla de su portátil como si no se hubiera dado cuenta de mi presencia.

- Papá, ¿podemos hablar un momento?

- Estoy ocupado, tengo que terminar esto para mañana.

- No hemos vuelto a comentar nada sobre el nuevo Samuel desde el día que llegó, ¿al final le ofreciste dinero?

- Yo lo arreglaré Paula, no te metas en esto, déjalo estar. - seguía tecleando, no quería mirarme.

- ¿Eso qué quiere decir?

Por fin paró un momento, cruzó las manos sobre el escritorio y me miró con su cara de serenidad de siempre.

- El día que hablamos estaba muy nervioso, no tenía que haberte metido en esto. No te preocupes por el nuevo, te digo que voy a arreglarlo y lo haré. No lo pienses más.

- Papá, ese chico vive aquí, le veo todos los días. Mamá no hace más que afianzar su estafa con la actitud que tiene. Ya le ha llevado a ver a todos sus antiguos amigos y él actúa como si fuese recordando cosas porque ella le va guiando con lo que tiene que decir. El otro día sin ir más lejos, le estaba enseñando fotos antiguas y no hacía más que decir cosas como: esta es la abuela Berta, ¿te acuerdas de las galletas de chocolate que solía hacerte?, y él contestaba que sí, que al ver las fotos ya se acordaba mejor. Es un farsante que se está aprovechando de nosotros, ¿y quieres que me olvide de ello?

Mi padre seguía mirándome impasible, como si le acabase de decir que en las noticias habían anunciado buen tiempo durante los próximos días. Me crispaba los nervios.

- Ya te he dicho que me ocuparé de todo. Ahora vete por favor, tengo mucho trabajo, no me hagas repetirlo dos veces. - Y volvió a centrarse en la pantalla del ordenador.

Cerré la puerta del despacho despacio, me hubiera gustado hacerlo de golpe, estaba muy rabiosa en ese momento, pero no quería que mi madre lo escuchara, era muy perspicaz y sabía muy bien que mi padre y yo apenas nos hablábamos. Habría sospechado algo raro.

Subí las escaleras y entré en la habitación de Samuel, ahora parecía distinta, ya no le pertenecía, me acerqué al escritorio con cautela, quería echar un vistazo a las cosas del chico nuevo, pero no me dio tiempo a tocar nada.

- Hola Paula, ¿me buscabas?

- Pues la verdad es que sí.

- Me alegro, me da la sensación de que mi regreso no te ha hecho mucha ilusión y quería buscar un momento para hablar a solas contigo. La verdad es que mamá me tiene ocupado casi todo el tiempo, creo que le preocupa que vuelva a desaparecer.

- Ya. En realidad solo vengo a preguntarte una cosa.

- Lo que quieras.

- ¿Quién coño eres?