Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

martes, 6 de enero de 2015

El Imperio Austrohúngaro

Estaba paseando por el parque, como hacía todas las tardes desde que decidiera adoptar un compañero peludo, cuando vio a una señora con un perro de mirada mansa y pelaje suave. No pudo resistir la tentación de ir a saludarle.
La señora aparecía ante ella como una mujer mayor y apacible, puede que algo sola y quizá un poco despistada. Se acercó para tocar al perro, eran tan suave como había imaginado, sin embargo su radar no había funcionado igual de bien con la mujer.
- Qué perro tan bonito, es muy manso - Entre dueños de mascotas que se olfatean y juegan, este tipo de frases suelen ser el saludo oficial y ya que lo estaba acariciando, le pareció la más conveniente.
-¿Tú sabes algo sobre Milóshevich? - Le espetó la señora de repente.
Se quedó callada unos segundos, ella venía preparada para una conversación sobre piensos y veterinarios baratos en el barrio, quizá podía derivar en cosas que los animales se tragan sin querer, o puede que incluso, si la charla se alargaba, acabaran discutiendo sobre la situación del paro en España. Pero desde luego no esperaba que un dictador yugoslavo viniera a romper el hielo.
- Bueno, sé que fue un dictador serbio en la década de los noventa, que quería impulsar el nacionalismo en su país y que tuvo mucho que ver con la guerra de los Balcanes. - Por no decir todo, que ella supiera, la guerra había empezado gracias a él. Pero no lo dijo, no estaba segura de la intención de la pregunta.
- No sabes nada entonces, porque no era ningún dictador. A Milóshevich lo eligió el pueblo serbio democráticamente, todo el mundo lo tacha ahora de dictador, pero los serbios vieron en él la salvación de un país que estaba hundido en la misera en aquella época. Todos os creéis expertos de la historia sin haberla vivido, sobretodo la gente joven como tú, que oye campanas y no sabe de dónde le vienen.
En ese momento se quedó muda. Se le ocurrieron varias cosas que decir, algo como: perdone pero tengo que irme a casa ya, o, no pretendía ofenderla, podía haber dicho la verdad, que no se consideraba ninguna experta sobre estos temas porque no lo era, podía haber replicado que a Hitler también lo habían elegido democráticamente, algo, cualquier cosa. Pero su boca no se movió y ese fue su error fatal, aquella mujer dio por hecho que su silencio era la autorización expresa para recibir la lección de historia más rara de toda su vida.
- Milóshevich fue uno de los hombres más grandes que han existido, gracias a él la antigua Yugoslavia dejó de existir, le dio independencia a su pueblo y al resto y los liberó de las ataduras comunistas de los rusos y de las capitalistas americanas. Los americanos se meten en todas partes, van repartiendo territorio por el mundo como si todo les perteneciera, fueron los causantes de miles de muertes en la guerra de Los Balcanes, y nosotros los españoles también.
-Ya, bueno, creo que me tengo que ir- no le apetecían charlas políticas a esas horas, más bien pensaba en lo que iba a preparar para la cena, pero la señora no la escuchó, seguía con su discurso, le faltaba el puño en alto. En ese momento se le ocurrió que esa mujer llevaba un perro como cebo, uno se arrimaba a verlo y ella soltaba su tela de araña pegajosa, ya no podías moverte de allí.
- Y seguro que también piensas que Stalin era un dictador ¿a que sí?, porque todos los creéis, pero nadie sabe lo que hizo por Rusia y por los rusos, la verdad es que liberó a su pueblo y ahora le tachan de genocida, Yo lo viví, fue uno de los hombres más grandes que han existido.
A estas alturas no sabía cómo deshacerse de la loca con rollitos raros por los dictadores, así que empezó a dar pasos con disimulo, despacio, creía que si salía corriendo de repente le achucharía al perro o algo así.
- No sabéis nada, ninguno, cada día tengo que explicar la historia de lo que pasó. Tengo que recordar lo vivido y mostrárselo al mundo, como a ti ahora, para que difundas la palabra.
Hablaba en bajo pero con tanta fuerza y convicción que parecía que estaba subida en un púlpito dando un discurso a miles de personas. Su mente se desligó un rato de sus oídos, empezó a mirar en derredor con cara de súplica, esperando que el dueño de otro perro viniera a unirse a lo que de lejos podía parecer una charla sobre si los animales se comen o no las piñas, pero no veía a nadie, y cuando volvió a centrarse en la conversación, resultó que Stalin ya había pasado a la historia.
- ... el Imperio Austrohúngaro, porque tampoco sabes nada de eso ¿a que no?, no, claro que no, porque no lo viviste como yo...
¿Pero cuántos años creía tener esta mujer?, le hacía mucha gracia escuchar lo del Imperio Austrohúngaro, le encantaba esa expresión y también le pasaba desde siempre, con muchas palabras como tenderete, lavativa o pleistoceno. Siempre intentaba colarlas en alguna conversación, mira por dónde la loca del perro-cebo lo había conseguido de una forma muy natural con la más difícil.
Cuarenta minutos más tarde iba ya por Franco, se le ocurrió sugerirle a la mujer que si quería dar lecciones de historia al menos podía intentar ordenarlo todo un poco cronológicamente, pero en seguida descartó la idea, en realidad ella a penas había intervenido en la charla, sólo se había dedicado a asentir porque le daba un poco de miedo hacer otra cosa. Luego pensó que igual si se ponía detrás de un árbol la mujer seguiría con su monólogo dirigiéndose a las ramas y ella podría irse, porque dado el caso, lo mismo daba.
Y entonces ocurrió, un pobre infeliz se arrimó con su perro, ambos venían contentos por encontrarse con otros en el parque, los perros juegan y los dueños charlan, no supo lo que se le venía encima hasta que fue demasiado tarde, en seguida se vio atrapado por las telas de araña. Miró a la chica, "esta mujer está loca" dijeron sus ojos, "de remate" contestaron los suyos.
-Bueno, yo tengo que irme ya, nos vemos otro día.
Y se fue como alma que lleva el diablo. No miró atrás, sintió la mirada del inocente clavándose en su nuca, pero en aquel momento de desesperación estaba dispuesta a asumir esa baja con el sálvese quien pueda pegado en la frente. Las estampidas son así.
Cuando medio corría hacia su casa, se acordó de la de veces que le había advertido la gente sobre lo peligroso de arrimarse a un perro desconocido, nunca había hecho caso, pero a partir de aquella tarde se fue con la lección muy bien aprendida.