Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

viernes, 9 de enero de 2015

Momo es nombre de chica

Era un hueso duro de roer, pensaban que no iba a poder con ello y todos me miraban con gran expectación. Estoy acostumbrada a que me observen, unos lo hacen con miedo, otros con ojos tiernos y muchos con sorpresa. Esa mañana no iba a ser diferente. Se estremecían con cada sonido que emitía en mi pequeña pelea, pero aún así estaban entusiasmados con el espectáculo.
Sobre todo él, todos los días tenía algo para mí. Me gustaba porque me hacía sentir querida y siempre caía algún regalo, además olía muy bien, no era consciente de ello, pero emanaba aromas entremezclados de puchero y dulces, los demás no lo notaban pero yo sí. Me había puesto un reto, supongo que quería ver si era capaz de superarlo y creo que lo hice con creces. Estaba contento y por extensión yo también. El resto se reía.
Siempre que llegamos a este lugar todo el mundo me llama y me convierten en seguida en el centro de atención. A veces hago como que no me importa, pero me siento feliz estando allí.
Nos despedimos un poco más tarde, no me daba miedo alejarme porque ya forma parte de mi vida y sabía que íbamos a volver, lo hacemos a diario. Ahora tocaba recreo y los rayos de sol templados del invierno me animaban a echar a correr. No puedo siempre que quiero, debo esperar a que me den permiso, cuando lo hacen me lanzo como un rayo y dejo que la brisa fresca me golpee la cara. Es la mejor sensación del mundo, sobre todo si encuentras a alguno que se anime a volar contigo. Es libertad. Cuanto más nos acercamos a ese instante más nerviosa me pongo, no puedo evitarlo. Si me canso en algún momento, me dejo llevar por los sentidos en busca de algún tesoro escondido,en ocasiones encuentro auténticas joyas y me invade una gran sensación de triunfo.Las exhibo orgullosa para todo aquel que sepa apreciarlas como yo. A veces tengo que proteger mis tesoros, es natural que les dé algo de envidia, pero no suelo dejar que me los arrebaten, cada uno tiene que ganárselo con su propia incursión en los laberintos verdes. Aquella jornada fue de las buenas, un reto superado, unas cuantas carreras y un gran tesoro olvidado por el zoquete de turno. El paquete completo.
Así solía ser mi vida hasta que, no hace mucho, llegó a casa otra como yo. Al principio me pareció un poco raro, me daba miedo arrimarme, era una bolita tan pequeña que parecía que se iba a romper. A penas hacía más que comer y dormir. Bueno, también lloraba, muchas veces, me ponía nerviosa porque no sabía si tenía que hacer algo o si me estaba llamando a mí. Yo le hablaba para intentar calmarla, pero no parecía escuchar lo que decía. Los patrones parloteaban a su alrededor de forma diferente a la normal, creo que ellos también intentaba que dejase de llorar, pero parecía una tarea muy engorrosa y difícil. Decidí echarles una mano y empecé a llevarla conmigo a todas partes, me gustaba cómo olía. Logré que se calmara mucho y cuando empezó a crecer, le enseñé lo básico para que llevara una vida fácil. No me hizo caso en todo, los adolescentes son así, ya aprenderá. Empezamos a jugar a diario y ya somos inseparables, se ha convertido en algo así como mi protegida. Ahora cuando vamos a verle a él, también le da regalos y cariño como a mí, ya es una más de la familia.
Si los patrones se van de casa nos hacemos compañía la una a la otra, dormimos juntas y jugamos. A veces se pasa con los mordiscos, aún tiene dientes que se clavan en las orejas como alfileres, y parte del pelo de mi rabo ha desaparecido gracias a su empeño en atraparlo cuando corre detrás mía.  Pero me gusta tenerla cerca y no consiento que nadie le ponga los dientes encima.
Podría decirse que lo tengo todo, amor, compañía, manos suaves que me acarician siempre que quiero, juegos y lo más importante, comida y bebida todos los días.
Soy una perra afortunada, muchos no tienen tanta suerte.