Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

lunes, 26 de enero de 2015

Por encima del hombro, Capítulo 7

Anduve sonámbula por la calle durante varias horas. No sabía qué pensar. ¿Y si David el mago me había mentido?, pero de haberlo hecho, ¿por qué iba a inventarse una historia tan siniestra?, además en otras cosas acertó. Lo del abrazo se lo podía haber contado Adela, pero lo de la herida en la rodilla del día de la foto ella no podía saberlo. Tampoco lo de su colección de camiones de juguete, mi madre los tenía guardados en el sótano para que no se estropearan, casi nadie sabía que estaban allí. No quería volver a casa, todo aquello me parecía una pesadilla cada vez más horrible.

Encendí el móvil, tenía varias llamadas perdidas, algunas eran de Adela, supuse que se había quedado preocupada con mi estampida, pero la mayoría eran de mi casa, además no distaban mucho en el tiempo unas de otras, me pareció raro porque casi nunca me llamaban, así que decidí volver. A lo mejor el nuevo Samuel había confesado, o peor, igual lo había hecho mi padre. Cogí un taxi para llegar cuanto antes.

Al abrir la puerta escuché el taconeo de mi madre desde el salón viniendo hacia mí.

- Paula, ¿dónde estabas? te hemos estado llamando.

- Fui a dar una vuelta y perdí la noción del tiempo, ¿qué pasa?

- No sé para qué tienes un móvil si nunca lo coges o está apagado.

En ese momento pensé que yo tampoco sabía para qué lo tenía,  mis únicos contactos en el teléfono eran mis padres, y ahora Adela. Me quedé callada, dispuesta a aguantar el chaparrón.

- Ven conmigo, hay alguien en el salón que nos está esperando. Bueno en realidad te estábamos esperando todos a ti, vaya día que has elegido para salir de casa. Si me avisaras cuando te vas, pero no, tú como siempre a lo tuyo sin pensar en nadie más.

No quería discutir, seguí a mi madre hasta el salón, iba escupiendo tonterías sobre mí hasta que llegamos a la puerta y se calló en seco, no sabía quién estaba dentro, pero mi madre no quería que le escuchara hablar a su hija de ese modo.

- Te presento al doctor Abad, es psiquiatra, ha venido a hablar con Samuel y con nosotros, va a tener varias sesiones con él.

- Hola Paula, encantado - me extendió la mano, no la cogí, cuando se dio cuenta se volvió a sentar, no pareció molestarle, a mi madre sí - tus padres me han hablado mucho de ti.

- Hola, encantada. Disculpe pero si ha venido usted a ver a Samuel, ¿por qué me estaban esperando a mi?

- Ya ha tenido la sesión con Samuel - mi madre se apresuró a contestar - ahora quiere hablar con nosotros sobre cómo se encuentra y lo que podemos hacer para que se sienta mejor. Queríamos que tú también estuvieras porque creemos que toda la familia debe involucrarse en esto.

Lo dijo con su tono acusador, miré a mi padre, tenía su cara de siempre, con la vista fija en el suelo, no decía nada, parecía estar en cualquier otro sitio.

- ¿Y dónde está Samuel ahora?

- Se ha ido con Álvaro después de la sesión, para despejarse un poco, se lo ha recomendado el doctor.

- ¿Y le ha contado lo que le pasó?

- Paula, no seas impertinente. No vamos a hablar de eso, hemos traído a un profesional para que se desahogue con él, pero cuando Samuel nos lo quiera contar a nosotros ya lo hará. El doctor Abad no está aquí para cotillear sobre la vida de tu hermano.

- Verás - el médico cogió las riendas de la conversación - no puedo comentaros nada de lo que él me diga, porque es mayor de edad y hay una confidencialidad entre médico y paciente que no se debe romper. Además, si lo hiciera perdería su confianza. Pero cuando tu madre me llamó para que viniera a verle, sí que me preguntó si había algo que vosotros pudierais hacer para que se sintiera más a gusto y protegido y eso es lo que quiero discutir.

Así que al impostor no le valía con ropa nueva, comida gratis, un techo de lujo y dinero a espuertas para todos sus caprichos, además ahora teníamos que dorarle la píldora. Parecía que ese día no iba a terminar nunca.

- Hoy hemos tenido una sesión de dos horas, para darle tiempo a que se abriera sin agobios. Le ha costado bastante, no hemos profundizado mucho, me ha contado cómo se había sentido este tiempo y un poco por encima lo que había pasado. En realidad creo que es un chico muy fuerte y va a superar todo esto en seguida, lo mejor sería que cogiera algunas rutinas para que su vida empiece a normalizarse. Podéis hablar con él para que se apunte a estudiar alguna cosa, por ejemplo, que os diga qué le apetecería hacer. No se trata de forzarle, pero sí de que empiece con alguna responsabilidad diaria y que tenga que acogerse a un horario establecido. Además sería bueno que tuviera que asistir a clases presenciales, nada de estudiar a distancia, porque de esta forma podría entablar nuevas amistades y hablar con gente que no tiene nada que ver con lo que le pasó. Por otro lado, tampoco le vendría mal practicar algún deporte. No le he recetado ningún antidepresivo, porque en principio no me ha parecido que le hiciera falta, veremos si es necesario más adelante. En casa, la vida normal es lo mejor, no le hagáis preguntas sobre lo que le pasó, es mejor actuar con normalidad hasta que se sienta seguro, cuando lo esté, se sentirá preparado para hablar de ello y probablemente será él quien dé el primer paso. No hay mucho más que pueda decir, solo intentad que se sienta querido.

Al decir esta última frase mi madre me miró con sus ojos de fuego, ya podía mirar a mi padre, que pasaba de él tanto como yo, pero claro, yo no pagaba ninguna de las extravagancias que había por casa.

- ¿Tienen alguna pregunta más?

- No doctor, ha sido usted muy amable.

- Entonces me marcho, se ha hecho un poco tarde.

- Claro, disculpe la espera por mi hija, ya sabe cómo son los adolescentes de hoy…

- No se preocupe por eso - se dio la vuelta y me miró - ha sido un placer conocerte Paula.

- Igualmente.

Mi madre lo acompañó hasta la puerta dándole las gracias y disculpándose por mí una y otra vez. Miré a mi padre, seguía en la misma postura, como si se hubiera vuelto de cera. Me pregunté si había llegado a pestañear durante ese rato.

- ¿Es que no vas a hacer nada?

- Ya te dije que lo arreglaré.

- Sí, como arreglaste la desaparición de Samuel ¿verdad?

Eso sí le hizo levantar la cabeza, estaba sorprendido, se quedó callado unos segundos, escudriñando mi cara, parecía querer leerme la mente. Pensé que lo sentía por él, puede que yo tuviera un poder que no me gustaba, pero él no tenía ninguno.

- ¿Qué estás diciendo?

- Sé lo que hiciste, o mejor dicho, lo que no hiciste.

- Paula, no sé de qué estás hablando, si crees que tuve algo que ver con lo que le pasó, es que te has vuelto loca.

- No lo creo, lo sé - se levantó de golpe y me asusté un poco, parecía que iba a pegarme, pero no me moví - tú sabías dónde estaba y no hiciste nada.

- Cállate. No tienes ni idea de lo que estás hablando.

- Por desgracia sé más de lo que me gustaría.

- A mi despacho ¡ya! - gritó, era de las pocas veces que le escuché gritar, no solía levantar la voz.

- ¿Qué pasa Daniel? - mi madre entraba de nuevo justo en ese momento y se había sobresaltado al escuchar gritar a mi padre.

- Me llevo a Paula al despacho, voy a tener una conversación con ella para que entienda que las cosas tienen que cambiar a partir de ahora.

- De acuerdo - mi madre sonrió, sabía que mi padre me imponía más que ella, supongo que pensó que si él me daba un buen escarmiento me portaría mejor con Samuel - iré preparando algo de cenar.

Seguí a mi padre hasta su despacho, tenía miedo, pero mi rabia y mi dolor lo superaban con creces. Tenía que saber lo que hizo y por qué. No se me ocurría ninguna explicación razonable para lo que había visto David el mago y la única manera de entenderlo todo era acudir a la fuente original.

- Siéntate - mientras me sentaba él lo hizo al otro lado de la mesa, parecía que era uno de sus obreros trajeados en vez de su hija - a ver, ¿qué crees que sabes?

- Lo sé todo - órdago, no sabía una mierda, pero a lo mejor colaba y él empezaba a hablar de lo que había pasado, por aquella época veía muchos documentales de crímenes e interrogatorios de la policía y creo que me vine arriba.

- ¿A qué te refieres con todo?

- Sé que a Samuel se lo llevó alguien que tú conocías. Sé que esa persona le hizo mucho daño y tú sabías lo que estaba pasando, pero no hiciste nada. Sé que nos dejaste creer a todos que había desparecido cuando en realidad ya sabías que estaba muerto. Creo que por eso te pusiste tan nervioso cuando desapareció, temías que le hubiera pasado precisamente eso. Supongo que de alguna manera, no sé por qué, eras consciente de esa amenaza. También te pusiste muy nervioso cuando apareció el nuevo, porque sabías de sobra que no podía ser, pero ahora, viendo tu actitud respecto a él, creo que te has dado cuenta de que puede ser tu salvación - no podía parar de llorar mientras hablaba, ni yo quería creerme lo que estaba soltando por la boca y esperaba que en algún momento mi padre me parase y me dijera que todo eso no era cierto, pero no lo hacía, se limitó a escuchar mirando a la pantalla de su ordenador - papá, ¿es verdad?

No se movió.

- Tu madre tiene cáncer.

- ¿Qué? - aquello me pilló tan de sorpresa que pensé que no había escuchado bien.

- Tu madre se muere. No quiere decírselo a nadie. No sabemos cuánto le queda, pero poco. Está tan extendido que ha renunciado al tratamiento, dice que no quiere pasar sus últimos días en un hospital. Los médicos han dicho que de todas formas tampoco podrían alargarle la vida mucho más.

- ¿Y por qué me lo cuentas ahora? - sentía pena, pero en realidad no dolor, me entristecí, era mi madre y supuse que debía tomarme esa noticia de otra manera, no fue así.

- Paula, lo que más aterrorizó a tu madre cuando descubrió que tenía cáncer, fue pensar que iba a morirse sin saber qué había sido de su hijo. Ahora está aquí, puede que no sea él pero para ella lo es, está animada y feliz. No vamos a quitarle eso, ni tú ni yo. A veces creo que hasta ella sabe que no puede ser Samuel, porque no se parecen en nada, pero necesita esto.

- ¿Y qué pasa con lo que te acabo de decir? ¿Quieres que me olvide de todo?

- No. Quiero que lo dejes correr hasta que llegue el momento oportuno. Entonces te lo explicaré. Después harás lo que creas que tienes que hacer. Sé que no he sido el mejor padre del mundo, yo soy muy distante y tú pareces haber salido a mí. Apenas hablamos o hacemos cosas juntos - se puso a llorar, nunca le había visto llorar - pero yo quería a Samuel más que a nada y, aunque no lo creas, también te quiero a ti. Solo te pido que pares de hacer preguntas hasta que tu madre se haya ido, ¿podrás hacerlo?

- No lo sé.