Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

domingo, 15 de febrero de 2015

Papel en blanco

Esto es un papel en blanco, se puede llenar de imágenes, palabras, manchas de café, dibujos de cera o meados de perro. Sólo es un papel en blanco, adquiere valor cuando deja de serlo. Se podría decir que madura, ahora no deja de ser un papel en blanco al que me enfrento con un ordenador. Una máquina que corrige mi ortografía, mi gramática y hasta puede escuchar mi voz.  
El papel en blanco está dentro, puedo sacarlo y enfrentarme a él con una pluma, lo mismo da, no dejaría de ser un papel en blanco. El ordenador y el papel en blanco son herramientas de la mente, la mente sería la máquina pues. La mía hoy no está bien engrasada, da fallos por todas partes y no dejo de ver el papel en blanco. Me mira inexpresivo desde el otro lado de la pantalla, lo podría cerrar, claro que sí, pero el papel en blanco me sigue, si vuelvo la vista ahí lo tengo, en la bandeja de la impresora. Si cierro los ojos, el blanco otra vez, en forma de rectángulo. El papel en blanco me llama, me atrae con ese aspecto inmaculado, me grita con el resplandor de la pantalla, sé lo que quiere de mí, pero hoy no tengo fuerzas para dárselo. 
Ansía madurar y convertirse en algo, supongo que busca hacerse la estrella del papel, miles de copias suyas por todas partes enfundadas en tapas duras, luciendo sus mejores galas. Pero no puedo darle eso, hoy no. ¿Quizá mañana? difícil lo veo. A veces me pregunto por qué me llama a mí ¿desde cuándo me llama?
Lo peor del papel en blanco es que no importa a cuántos hagas madurar, siempre viene uno nuevo a ocupar el sitio del anterior. Yo los mimo, intento hacerlos bonitos con palabras, luego los dejo volar a su aire y cada uno adquiere su propia notoriedad. Algunos nunca llegan a dar el salto, se quedan en la papelera de reciclaje, les cayó la mancha de café virtual y no hay forma de quitarla. Hijos bastardos que no saldrán a la luz.
Muchos días vuelvo corriendo a casa para enfrentarme al papel en blanco, sé cómo a va a terminar y espero ansiosa que se sienta orgulloso al verse moldeado por mis palabras, pero otros, como hoy, no se me ocurre qué decir, y me siento obligada porque el papel en blanco me mira, tiene cara de cordero de ojos tiernos y no puedo resistirme a rellenarlo con algo. 

Déjame en paz papel en blanco, hoy no puedo colaborar contigo, quizá otro día, quién sabe, puede que nunca más.