Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Tabú

La maleta estaba ya terminada, pero no se decidía a cogerla y salir por la puerta. Se quedó un rato mirando la ventana, le atraía más. Se levantó de la silla y la abrió, una bocanada de aire congelado entró para revolverle la melena. Miró hacia abajo, era un octavo piso, aunque no tuvo sensación de vértigo, su estómago le decía que echara a volar mientras su cabeza le mantenía los pies pegados al suelo del dormitorio.
Aquel cuarto fue en su día el de los sueños, debía estar teñido de papel de hipopótamos, una cuna de colores con pequeñas mantas en su interior y juguetes por todas partes. Nunca llegaron, en su lugar una mesa de escritorio y una silla vacía lo hacían parecer más grande, le recordaban en silencio que los sueños pueden volverse pesadillas en cualquier momento. Ahora formaba parte del sueño de otro. En cierto modo se sintió aliviada, ¿qué habría sido del niño si hubiera llegado a existir? Era mejor así.
Se sentó de nuevo en la silla sin cerrar la ventana, respirar el aire frío parecía devolverle a la realidad. Llevaba varios meses sumida en una burbuja, cuando los demás le hablaban el sonido de sus voces llegaba amortiguado, como a través de un muro invisible, tampoco se molestaba en intentar comprender. No quedaba nada.
Esa maleta resumía una vida truncada, era pequeña, pero si consiguiera dar el paso para ir donde realmente quería, no necesitaría ningún equipaje de mano. Había dejado de buscarle el sentido a los cuatro últimos años. A su mente sólo venía una y otra vez la frase de su amigo Juan “esto ha sido un cúmulo de desgracias encadenadas”. Y era cierto, pero tantas, consiguieron al final convertirla en una desgraciada perdida, no tenía dónde ir y tampoco quería moverse de donde estaba.
Se suponía que esa maleta y ella debían ir a casa de Juan, la había acogido y sabía que lo hacía de buen grado, pero le repugnaba la idea de sentirse una intrusa, un invitado es bien recibido un tiempo, después es una carga de la que nadie sabe cómo librarse. ¿Por cuánto tiempo sería ella una carga? no había forma de saberlo.
Recordó el primer día en aquella casa con Diego, cómo habían hecho planes para convertirla en un hogar, un sitio acogedor donde formar una familia.
Pocos meses después el primer golpe, un desconocido le llama por teléfono para decirle que Diego ha muerto. No le creyó, por qué iba a hacerlo, aquella persona no era nadie, qué sabría él. Y de pronto se ve en un hospital, otro desconocido se acerca despacio, preguntando su nombre, se lo repiten de nuevo, no va a volver a verle nunca más. Sigue sin creerlo, no puede, aún hoy, sentada en esa silla cuatro años después, no quiere creerlo.
Pasan los meses y todo se va volviendo gris. La casa no es un hogar, es una trampa hipotecada que no puede vender de ninguna manera por lo que les costó. Así que sigue allí, intentando dormir por las noches en una cama cada vez más fría, cada vez más grande.
Luego el despido, llegó como un martillazo en la sien, la dejó noqueada. Entonces todo se precipitó, miles de cartas a todas las empresas del país, con el mismo currículum por el que antaño se peleaban para conseguir su fichaje, ahora lo único que recibía como respuesta era silencio, un silencio que a medida que pasaba el tiempo le parecía más terrible, nunca había tenido tanto miedo. El dinero del paro menguaba imparable, pero la cuota de la hipoteca seguía ahí, los recibos de la luz y el gas venían de visita todos los meses, y aunque dejara de comer, no salían las cuentas.
Al menos ahora el banco le libraba de aquella casa que no quiso desde que Diego se fue, tres días le habían dado para recogerlo todo y marcharse. ¿Y qué iba a recoger? No había dónde llevar nada.
Miró otra vez a la ventana abierta, se acercó despacio y se asomó al vacío, si cerraba los ojos veía paz. Decidió arrimar la silla a la ventana y subirse, ahora sentía la brisa fresca por todo el cuerpo, le agradaba, se volvió sobre la silla para mirar el cuarto por última vez y pensó, “espero de verdad que seas el sueño cumplido de otro” y se fue.