Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

lunes, 30 de marzo de 2015

Tiempo de soñar

Cierra los ojos y los ve, siempre tan organizada, sus sueños están en carpetas pulcramente colocadas en las estanterías de la mente. Cada uno lleva una etiqueta de un color para elegir el más adecuado. Hoy toca el paisaje inalcanzable.
Accede al archivador y se asoma impaciente, lejos queda la canción de la radio, que asume con respeto el segundo lugar en su cabeza, no hay por qué bajar el volumen, se aleja con discreción, dando paso al rumor vacío de la montaña desierta.
Puede ver el pico de la más alta, planeando por encima como un águila imperial y grita, porque este paisaje lo pide tan quieto, tan apacible. Grita, porque la montaña así lo quiere, rompe la paz y los pájaros, ahora visibles, se alejan despavoridos. 
Y ríe a carcajadas, porque la montaña desea escuchar la voz de su sonrisa y corre, porque la montaña quiere sentir sus pasos movidos por el viento.

Se tumba, una mano suspendida en el aire a la altura de la vista, deja pasar el calor mientras bloquea la luz solar. Y respira, porque la montaña le da a probar de su aire cristalino, y vive, porque la montaña revitaliza su espíritu cansado y llora, porque aquí las lágrimas no saben que lo son.