Para soñadores de la realidad y vividores de lo imaginario.

jueves, 8 de febrero de 2018

La maldad no cansa



Ser bondadoso hoy por hoy, es un trabajo hercúleo. Requiere esfuerzo y gasto de energía, dinero, tiempo y muchas veces, salud mental. No sólo por lo que conlleva atender peticiones de familiares, amigos y desconocidos, también por todas las burlas y críticas que uno recibe del resto si se decide a llevar un estilo de vida que facilite la de los demás. Y es que parece que cuanto más cabrón/hijo de puta/malnacido es alguien, más tendemos a vanagloriarle. 

Que los asesinos son malas personas, todos lo tenemos claro. Matar está mal. No hay excusa que valga y punto. Pero, ¿qué pasa con esas personas tóxicas que deciden cargarse al que tienen al lado poco a poco, con gestos y palabras construidos a base de veneno del bueno? Veneno de ese que paraliza, ese que según la leyenda puede sacarse succionando el mordisco, uno lo intenta mientras observa con horror cómo esa parte del cuerpo va cogiendo una tonalidad morada que parecía imposible. Veneno indetectable en cualquier autopsia de acontecimientos. 

Sueltan un tufillo que todo el mundo huele, pero en vez de alejarnos de él, nos arrimamos lo máximo posible, como si así pudiéramos evitar ser la próxima víctima mortal.